Un legado de Marqueses, Próceres y la promesa de un tesoro en San Luis Potosí.
La historia de la Hacienda de La Ventilla es intrínseca a la fundación y grandeza de la región. Sus orígenes se remontan a las primeras Mercedes, que fueron otorgadas a Juan de Zavala, el notable benefactor de la ciudad de San Luis Potosí. Posteriormente, la propiedad pasó a manos de sus sobrinos, destacando Juan de Zavala y Lois, consolidando su estatus dentro de las familias más influyentes de la época.
Con el paso del tiempo, La Ventilla fue adjudicada al poderoso Marquesado del Jaral. Fue Juan Nepomuceno Moncada y Berrio quien, con visión arquitectónica, ordenó la construcción de la imponente Casa Grande y la Capilla que se conservan hasta nuestros días, elevando la hacienda a un nuevo nivel de esplendor.
La Ventilla no era una simple estancia; se convirtió en la casa predilecta de descanso y el lugar de reunión social por excelencia del Marquesado. Se sabe que en este sitio privilegiado se congregaban a jugar a las cartas figuras de trascendencia histórica, incluyendo a Félix María Calleja del Rey, al cura Miguel Hidalgo (de San Felipe) y al ingeniero José Mariano Jiménez, entre otros próceres.
La leyenda más fascinante relata que un cuantiosísimo tesoro, consistente en barras de oro y plata, fue enterrado estratégicamente. El punto de este entierro se encuentra en el cruce de las líneas que forman tres cruces tejadas: una en la cortina de la presa, otra en los contrafuertes de la capilla, y la tercera... aún no ha sido descubierta, manteniendo viva la promesa de aventura y riqueza en cada rincón de La Ventilla.